IM Orlando Alcantara Soares por Juan Perez

Se encaramó en un lugar preponderante de la historia del ajedrez por correspondencia brasileño, al convertirse -hace treinta años- en el primero en ganar un Zonal Latinoamericano. Fueron necesarios que transcurrieran seis ediciones -de un torneo creado en 1965- para que alcanzara este hito.
Extractamos de distintas notas una semblanza de sus vivencias ajedrecísticas.

-¿Cuando aprendió a jugar?.
— Viendo a mis hermanos. A los 13 comencé a jugar con mi padre, quien con mucha paciencia me fue enseñando a ordenar mis ideas, corrigiendo errores. Durante los siguientes tres años tenía con él -o con sus amigos que nos visitaban- un desafío casi a diario. Esto fue una suerte para mí, pues al entrar por primera vez a un club de ajedrez, ya tenía bastante experiencia y así pude evitar ser “masacrado” como todo novato.

-¿Qué influencias considera decisivas para su formación ajedrecística?
— Primeramente, la práctica doméstica de un ajedrez puramente intuitivo; en segundo lugar, el libro de Reti “Los grandes maestros del tablero”, otro feliz hallazgo mostrado por un compañero de colegio. A partir de entonces, todo un nuevo horizonte se abrió para mí. Hasta aquel momento desconocía la existencia de libros de ajedrez y de personas que los leyesen en serio. Saber que existían Grandes Maestros que dedicaban su vida a este juego fue extremadamente encantador. Después, ya como jugador de club, devoré el “Tratado general de ajedrez” de Roberto Grau, otra obra extraordinaria. De un modo general, estas fueron las tres fuentes donde bebí. Aprendí mucho, después. Más el tributo esencial tengo que rendirlo a mi padre, a Reti y a Grau. Debo aclarar que, en toda su vida mi padre jamás leyó siquiera un libro de ajedrez; era un jugador completamente natural. Asimismo acostumbraba a derrotarme cuando yo ya era campeón universitario de Paraná y capitaneaba el equipo de nuestro Estado que en tanto conquistó el subcampeonato brasileño universitario. Aunque siempre me consideré bastante versado en teoría, este fuerte jugador natural nunca me dejó olvidar el papel de la intuición en ajedrez. Dedico a mi padre el título de IM (ICCF).

-De los Grandes Maestros, ¿quién lo influenció más?.
— Sin duda, Lasker. Mucho de lo que se dice de Lasker precisa ser revalorizado. Atribuyen gran relevancia a su “escuela psicológica” y mucho contribuyó Reti para eso. La alegada mágica estrategia de Lasker (arrastrar a los adversarios a posiciones que les desagradaban) siempre fue una práctica más o menos común en ajedrez. La verdadera grandeza de Lasker, a la par de una gran fuerza práctica, fue su entendimiento muy por encima de la de sus contemporáneos. El estudio de sus partidas resulta beneficioso para cualquier ajedrecista.

-¿Participó en torneos en vivo?.
— Mi actuación fue básicamente universitaria. Recién concluidos los estudios académicos, me trasladé de Curitiba a Río de Janeiro, para un postgrado en matemática e informática. Allá, entre teoremas y computadoras, disputé algunos torneos con variados resultados.

-¿Cuando comenzó la práctica postal?
— En 1978 pasé a competir por correspondencia. A esta altura mi vida profesional y familiar ya me envolvía bastante. Fue así como esta modalidad fue fundamental para seguir ligado al ajedrez.

-¿Cuanto tiempo le dedica?
— Nunca menos de 20 horas semanales, e incluso más. Durante todo el tiempo que precedió a la conquista del Campeonato Brasileño (1988) y el Zonal Latinoamericano (1989), analizaba durante las noches y parte de la madrugada. En este período conté con el apoyo inestimable de mi esposa Gilda, cuyo incentivo constante siempre recordaré. Mis hijos me conocieron jugando; para ellos el ajedrez es cosa de familia aunque ninguno de los tres se interesó por él.

-¿Su mejor torneo?
— Sin dudas el Zonal. Tenía especial interés en ganarlo. Preparé muy cuidadosamente las aperturas y defensas, pues ya había enfrentado a la mayoría de mis oponentes. Me satisfizo llegar al medio juego con posiciones ventajosas o al menos equilibradas. Tuve la sensación que si no me distraía el campeonato no se me escapaba. Y en los momentos decisivos, la fortuna me acompañó al ganar ajustadamente el quinto campeonato brasileño, por sistema SB, sobre el batallador Gladstone Amorim, lo que me insufló una confianza insuperable.
Ambos logros me abrieron las puertas para representar internacionalmente al CXEB, integrando sus equipos en la XI.Olimpíada ICCF y el V.Panamericano de CADAP, donde cumplí con mis expectativas.
Por haber ganado el Zonal, me invitaron al Torneo de Candidatos (3/4 de final) del Campeonato Mundial. Las ilusiones de clasificarme pronto se esfumaron porque mis negocios me solicitaban a pleno: tener un estudio especializado en brindar servicios de informática atendiendo proyectos de empresas, absorbían toda mi tiempo. Así descuidé mis partidas, ventajas que mis rivales -imagino que de buen agrado- aceptaron de inmediato

Hoy, a los 62 años, está dedicado a la investigación y docencia universitaria, tras alcanzar una maestría en informática (2010) y un doctorado en Estudios Lenguísticos (2010).

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